5 de mayo de 2012
Perdón por mis lágrimas
By:
Natalia Gallo
en
10:30 AM
No debieron salir. No quiero ser egoísta pero me es inevitable. No quiero que dejes de vivir pero al mismo tiempo quiero que me esperes un poquito más. No quiero sentir miedos pero al mismo tiempo quiero que sientas mis miedos. Me encantaría regresar al instante en que me preguntaste si quería que vinieras y dije que no. Amaría volver a responderte.
1 de abril de 2012
ASESINATO EN SERIE
By:
Natalia Gallo
en
9:19 PM
ASESINATO EN SERIE.
Cuando se matan una a una las mujeres que viven en este cuerpo.
Llevo tres meses con un crimen encima. De hecho han sido varios. De hecho me gustaría que fueran más pocos. Las he matado, sin piedad, una a una, como si quisiera acabar con una raza de especímenes que se multiplican. Y lo confieso, me produce la más grande sensación al punto de empezar a pensar que esto de matar, es casi necesario. Sobretodo cuando se trata de matar a las múltiples mujeres que vivían en mí y de vez en cuando se robaban esta alma.
Empecé por la niña. Para promover esto del asesinato había que hacerlo desde lo más cruel, y agarré a la niña. Pecosa, inocente, virginal, edípica como cualquier otra, absolutamente apegada a una fantasía de vida. La misma que teme a la responsabilidad y al compromiso porque siempre tiene alguien que la tome de la mano. La que cuando jugaba a las muñecas, nunca se pensaba trabajando, sino viajando, como si la vida fuera un fondo interminable de dinero. Y la maté y para darle una muerte más digna, la enterré con las muñecas, la virginidad, la inocencia, las fantasías, el dinero de papi y los sueños rosados. Pero le robé el lagrimal, por si lo necesitaba.
Seguí con la princesa. Nada de inocente e ingenua, más sí calculadora. Calculaba cada movimiento, cada sonrisa, delicada, dulce, paciente, porque el príncipe podía estar cerca. Maravillosamente buena para el hogar. Apasionada por la cocina, por el buen uso de las cosas, por la delicadeza al vestir, al comer, al hablar, al vivir. Mostraba la dulzura de la mujer de valores, la mujer de la casa, pero como buena princesa no se interesaba en nada más que un reino. La maté y antes de enterrarla le saqué la belleza, como sea que fuere, siempre la iba a necesitar.
Continué con la guerrera. Fue difícil. Maldita valiente, maldita mujer que podía lograrlo todo. Hacer el trabajo, la familia, el amor, los amigos, las pasiones, los pasatiempos, la soledad y todo lo demás como una batalla siempre ganada. La maté por intolerante al fracaso. Y por feminista. La maté y fue la que más me costó porque quería dejarla con vida, tal vez agonizando, pero con vida. Al final la tuve que ver morir. No soportaba que no le dolieran sus amores, que fueran pasatiempos de su vida y que perdiera grandes seres por el egoísmo de pensar cada vez más en ella. Siempre con el escudo en la mano, dispuesta a que nadie le enterrara ningún puñal. Siempre, era siempre. La maté y la enterré con el escudo y aunque quise robarlo para mi, el cadáver nunca lo soltó. Supongo que venía incorporado en ella y tuve que dejarla ir, con escudo, perfecciones y valentías. La dejé ir entera.
Y me quedó una. Al frente, como si fuera la única y la última de la serie. La mujer que como las otras vivía en mí pero siempre me había costado mirar. La sencilla, la humilde, la simple. La que disfruta los detalles de la vida. La disciplinada, la juiciosa, la amorosa, la apasionada, la tranquila, la que vive. Cuando me acerqué para matarla, la besé, era lo único que ella quería, ser amada. No quería fantasías rosadas, reinos o guerras. No era niña, princesa ni guerrera. Y fue inevitable amarla desde ese instante. Le di el lagrimal y la belleza de mis asesinadas y ella se encargó de lo demás. No necesitó escudos y yo solté mi puñal, con ansias de no matarla nunca, admirando su profunda sinceridad y transparencia. Y me enamoré de ella y ella terminó matándome a mí. Y se ganó este cuerpo y ganó este caso.
10 de marzo de 2012
EL SÍNDROME DE LA MUJER MARAVILLA
By:
Natalia Gallo
en
11:55 AM
He descubierto una nueva sintomatología, un nuevo malestar en el mundo, una epidemia que no diferencia el virus, el portador ni el afectado. Genera un sabor amargo en muchas almas solitarias, y el resultado, como todos los resultados humanos, no es más que la insatisfacción.
Es el Síndrome de la Mujer Maravilla, pero aunque tenga la palabra “mujer” no diferencia género. Lo he descubierto por estos días donde el comercio nos hace sentir más hermosas a las mujeres, al mismo tiempo que impredecibles, insaciables, incomprensibles y todos los adjetivos que empiezan por “i”, incluyendo idiotas. Porque en este síndrome la idiotez es el mayor miedo.
La Mujer Maravilla es aquella dama que se tomó la evolución cultural de los géneros, muy a pecho. La ves por la calle vestida como cualquier otra, cualquier otra decente, por supuesto. A lo lejos refleja la misma inquietud que cualquiera en el mundo, la misma belleza que siempre es subjetiva a los ojos de unos cuantos. Esta mujer se toma el trago que más le gusta, y siempre va a estar rodeada de los que quiere ver.
La sigues observando y verás que ríe a carcajadas, como si la vida le saliera de los poros. Y entonces refleja el primer síntoma: pasión. Ahí, empieza a diferenciarse de las demás mujeres y el virus comienza a gestarse. Si la sigues observando verás que quiénes la rodean sienten una profunda necesidad de su opinión, y esos que la admiran son precisamente aquellos que no padecen y están inmunes a la epidemia.
Cuando te acercas, nace la Mujer Maravilla. La seguridad y asertividad de su voz es evidente, y como me lo dijo alguien alguna vez, este tipo de mujer se nota que se quiere mucho a ella misma. Por esto llega el segundo síntoma: la seguridad. Y entonces se preguntan las tonterías necesarias que hay que preguntar una primera vez que se ven, qué haces, dónde trabajas, qué estudias, qué tomas, dónde vives, qué piensas de… y empieza a nacer la Mujer Maravilla.
Trabaja de manera incasable porque le gusta. Estudia o estudió, en exceso. Es familiar, sociable y sencilla. Exigente, perseverante y comprometida. Ríe, vive y se goza la vida sin límites. Es equilibrada, y por esto no es escandalosa, celosa o bruja, como suele ser llamada. Es segura al hablar, asertiva e intimidante. Su gran arte es la conversación, su arma es la mirada, su pesar es la sensualidad que le causa la inteligencia. Se convierte en la Mujer Maravilla cuando deja ver el conocimiento, además cocina, lava la ropa, decora su casa, es amorosa con los niños, es tranquila, reflexiva y divertida.
Es la Mujer Maravilla, lo hace todo y lo hace regularmente bien, menos una cosa, la misma cosa que propaga el virus. Ella es un exceso, toda. Exceso de pasión, exceso de inteligencia, exceso de independencia, exceso de sensualidad. Pero por exceso, no basta. Y al no bastar se propaga el virus. Porque la Mujer Maravilla bien se la lleva con los asuntos masculinos y ¡Que miedo! El hombre sufre del Síndrome porque esta mujer aparenta no necesitar nada. Y se va pensando que nunca va a ser lo suficientemente importante para ella al punto que logre necesitarlo.
Y él se va padeciendo el síndrome, buscando excusas basadas casi siempre en la seguridad que le produce la relación. Porque obviamente esta mujer no produce seguridad alguna, pues en cualquier momento pudiera irse y su mundo no cambiaría, aunque le duela. Y es mejor para el hombre tener la confianza de que le va a dejar una huella. Por esto se va, porque la huella se genera por el peso del cuerpo y si no pesas demasiado para ella, seguro no vas a dejar nada ahí.
Y se va. Pero nunca se va con las manos limpias, siempre se va con la culpa de que no le dio para más el impulso, porque muchas veces no llegan ni al hastío. Y se va con la inmensa duda de qué hubiera sido si se hubiese quedado, y todo lo que se le pasa por la cabeza es que tal vez se hubiera enamorado sin precedentes y hubiera salido con el corazón roto. Pero vuelve a pensar que aquella que se ve tan maravillosa podría haber sido una gran pareja en su vida, y nunca, después de su historia con ella, la vuelve a ver igual. Siempre le queda la duda, la insatisfacción y sobretodo la mediocridad de no haber intentado más.
Y como es la Mujer Maravilla ella va a estar bien y no le habrás roto el corazón a nadie, por eso te irás. Pareciera a veces que ella no tiene uno, porque la domina la razón y la cordura. Pero antes de ser Maravilla fue Mujer, y también, en lo más profundo de su ser, le duele, le angustia, la incomoda. Porque esos hombres que llegan a su vida, que ella eligió para su pasado, siempre los va a llevar adentro. Seguro también son hombres inigualables, inteligentes e irremplazables, y todos los adjetivos que empiezan por “i”, como los de ella. Seguro también son increíbles y exclusivos, merecedores de una gran mujer, pero casualmente no están buscando la mujer maravilla, porque si bien esta heroína anda sola y con cuidado se desaparece del mundo y aparece de repente, como un fantasma que no se va, como una villana buena, como una sensación infinita de “que hubiera pasado si”, como una contrincante.
Sufrimos del Síndrome de la Mujer Maravilla, pero no nos damos cuenta que la mujer realmente ha cambiado. Que no necesitamos demasiado, sino amor. Y que si no creímos en príncipes mucho menos en superhéroes. Y que por eso caminamos por el mundo, padeciendo un alma que el mundo cree viral, y por eso los hombres que lo padecen también caminan por el mundo, con la pequeña angustia de haber sido mediocres queriendo a esta mujer. Y el síndrome se hace real cuando vemos a un montón de personas espectaculares en este planeta, absolutamente solitarias. Pues son los superhéroes los que vienen solos, no los villanos.
4 de marzo de 2012
LAS MUJERES QUE SE CANSAN Y LAS MUJERES QUE CANSAN.
By:
Natalia Gallo
en
12:00 PM
A todas aquellas que encontraron la solución a alguna tristeza en un coctel con amigas o que se preguntaron si en las relaciones, ustedes eran el problema. A todas las que dicen vestirse para ellas mismas pero disfrutan de las miradas brujas de las otras mujeres. A las que algún día las traicionó la promesa femenina “ser difícil” y a las que se suben a unos zapatos incómodos que por hacerlas ver mejor los sienten ya parte de su cuerpo. A las mujeres, en general, que sufren o han sufrido de cualquier síndrome en una relación.
Nada peor que una conversación atrevida entre mujeres que no les interesa ningún hombre rondando en una tarde de Happy Hour. Se escandalizarían sus padres y sus suegros, y decepcionarían a sus hijos y nietos. Porque una mujer cuando se excede, piensa siempre en a quién puede contarle la historia, y para esta sección, es que existen las amigas. Es por esto que escribo este artículo, por la cantidad interminable de historias contadas de mujeres que cansan y mujeres que se cansan que merecieron una reflexión.
Muchas mujeres se pasan el tiempo preocupándose por la fidelidad de una relación para mantenerla sana, y con ella la lealtad, la confianza, el compromiso y otros derivados. Además de cuidarse la autoestima femenina que a veces es excesivamente vulnerable. Sin embargo olvidan algunos detalles, vivir, por ejemplo.
Empiezan a desgastar la relación con preguntas e inseguridades que no valen tanto la pena (digo “tanto” porque valen un poco, pero no demasiado). Se vuelven celosas, intocables, madres, cantaletosas, dependientes y poco apasionadas. Cansonas, así de simple, y la relación se termina. Y llegan los happy hour y con ellos la depresión absoluta, las cuentas del celular excedidas por mensajes de texto, la concentración en el trabajo y las ganas de dormirse a las nueve de la noche. Pasa el tiempo y les cuesta encontrarse la cara de su ex almorzando en un centro comercial con otra mujer. Y luego el dolor de lo fácil que fue para él olvidarlas.
Todas le tienen miedo a la historia de la infidelidad, pero esta es una historia todavía más desgarradora. ¿Qué hice mal? ¿Si me amaba lo suficiente? ¿Por qué fue tan fácil conseguir otra mujer? ¿Por qué no me gusta nadie más? ¿Por qué sigo pensando en él? Mares de lágrimas se derraman después de estas preguntas, pero nunca, NUNCA, ha habido con este instante, una reflexión… ¡Se cansó de ti!
El discurso femenino de que hombres y mujeres somos iguales debe llevarse a la práctica, pero no intentar ser como ellos. Qué tal si cuando van a fútbol nosotros vamos de shopping en lugar de pretender que podemos entender un Fuera de Lugar (claro, hay algunas que lo disfrutan, pero me refiero a los espacios masculinos que deberíamos dejarles tener). Qué tal si cuando salen hombres solos, ni siquiera los llamas, no necesariamente están con una stripper mona tipo las Vegas contagiando una enfermedad terminal. Qué tal si cuando están ausentes, dejamos de pensar en que nosotras somos el problema. Qué tal si cuando el sexo se ve afectado nos volvemos más creativas en la relación. Qué tal si te esfuerzas por vivir más el momento presente que pensar si este hombre cumple todo tu check list para ser el padre de tus hijos.
Estoy convencida de que una mujer que se quiere dará el amor necesario para sostener una relación sana, porque si te quieres, entenderás que se ha ido, y si te quieres sabrás que fue una etapa más en tu vida que en unos meses vas a superar, y si te quieres prefieres vivir cada instante y cuidar tus futuros recuerdos. Si te quieres dejas de pensar que cada nuevo amor es el tren que te sacará de la soltería.
La mujer que se cansa es aquella que precisamente disfruta la soltería, disfruta vivir cada instante y no cambia el hecho de estar sola por cualquier compañía. Se cansa porque está acostumbrada a vivir la independencia de su vida sin que alguien la llame las 35 veces al día que la llaman. Se cansa porque es fuerte y su gran necesidad es precisamente alguien más fuerte que ellas. Se cansa porque cuando está trabajando no quiere mensajes de texto que tiene que responder, sino salir del trabajo y encontrarse a cenar con quien quiere estar tranquila. Se cansa porque los celos, las inseguridades y las personalidades múltiples le generan preocupaciones en los espacios donde ella eligió vivir mejor, como la relación de pareja. Se cansa porque no confían en ella, sabiendo que ella es la mujer más confiable, se quiere.
Las relaciones de amigas y de pareja, son para descansar, no para cansarse. Las nuevas relaciones nos permiten vivir una pareja más independiente y libre, el príncipe azul de las películas con banda sonora romántica ya pasó de moda. La libertad de hoy nos permite tener una relación más basada en la confianza. Disfrutémonos a nosotras mismas y abramos espacios en pareja que sean inolvidables, descansen en la pareja, no la cansen ni se cansen.
¡Las amo a ambas!
3 de marzo de 2012
11 de noviembre de 2011
By:
Natalia Gallo
en
11:57 PM
Si las canciones fueran carteles....
Siempre estoy dispuesta a morir y nacer, morir y nacer, morir y nacer, vez tras vez. Porque de nada me sirven los corazones hospitalarios que invitan a entrar pero jamás salen a la puerta, adoro los corazones vagabundos, sobrevivientes, que amenazan con revolcarnos, que son los mismos incrédulos, temerosos, a veces, tantas veces genuinos.
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